Boonsap Napayap Es cliente de M-CAN, socio de AHF. Su historia es la siguiente en nuestra serie "Soy AHF", que presenta a personal, clientes y socios excepcionales que hacen lo correcto para salvar vidas a diario.
En el noreste de Tailandia, AHF colabora con M-CAN, una red de voluntarios, para brindar atención integral contra el VIH a algunos de los residentes más vulnerables de la región. M-CAN colabora estrechamente con hospitales, apoyando a los equipos de las clínicas de terapia antirretroviral (TAR) y realizando visitas domiciliarias para monitorear a los pacientes, abordar sus dificultades y garantizar un tratamiento consistente y de alta calidad, así como apoyo para la adherencia. Una persona cuya vida ha cambiado gracias a esta colaboración es Boonsap Napayap.
Me llamo Boonsap Napayap y vivo solo en una pequeña casa en el noreste de Tailandia, proporcionada por la Municipalidad a través de su programa de asistencia para personas sin hogar. No tengo primos y mis únicos compañeros son mis perros. Como tengo una discapacidad y no puedo caminar, dependo de las ayudas del gobierno para personas con discapacidad y de bajos recursos, y recibí tratamiento para el VIH de forma intermitente a lo largo de los años. La vida era sencilla pero desafiante: desplazarse, ir al médico e incluso conseguir comida era difícil. Usaba mi viejo triciclo para visitar un templo cercano, donde los monjes me daban la comida que les sobraba de las donaciones.
Me enteré de que vivía con VIH hace 21 años. Seguir el tratamiento siempre fue una lucha, no porque no quisiera, sino porque no podía pagar el transporte al hospital. Mi discapacidad me obligaba a contratar taxis, lo que a menudo me costaba un mes entero de mi estipendio. Por ello, mi adherencia al tratamiento había sido muy baja. Además, mantuve mi estado en privado para evitar el estigma y la discriminación.
Todo cambió cuando conocí al equipo de M-CAN. Ya me sentía mal y tenía complicaciones por no seguir el tratamiento cuando me contactaron. Aunque no nos conocíamos, estaban encantados de ayudarme. Me acompañaron al hospital para análisis de laboratorio, me recogieron para mis citas, me llevaron los medicamentos de TAR a casa y se aseguraron de que tomara mis pastillas con regularidad. M-CAN no solo se preocupaba por mi tratamiento, sino por mí. Apoyaron mi salud mental, me ayudaron a limpiar la casa, incluso me ayudaron a cortarme el pelo y trabajaron con líderes comunitarios para garantizar mi bienestar.
Uno de los regalos más significativos fue un triciclo nuevo. Para la mayoría, puede parecer solo una forma de desplazarse, pero para mí representa independencia y apoyo. Con él, puedo ir al templo con más facilidad, moverme por mi comunidad y sentirme menos solo. La vida sigue siendo difícil, pero me siento más sano y con más esperanza que en años.
Ahora que mi salud ha mejorado, puedo concentrarme simplemente en vivir bien. Mi mensaje para quienes viven con VIH es este: el tratamiento es esencial. Continuarlo no solo mejora la salud física, sino también el bienestar mental. Con buena salud, puedes cuidarte mejor y afrontar los desafíos de la vida con esperanza.
Gracias a M-CAN, con el apoyo de AHF, he recuperado mi salud, mi independencia y una sensación de seguridad que nunca pensé que fuera posible.



