Soy AHF – Brunilda Rodríguez: La misión de una trabajadora social

In explosión, Soy AHF, Panamá por Olivia Taney

Brunilda Rodríguez Es trabajadora social en AHF Panamá. Su historia es la siguiente en nuestra serie “Yo soy AHF”, donde presentamos a personal, clientes y socios extraordinarios que hacen lo correcto para salvar vidas cada día. 

Como trabajadora social, estoy comprometida a apoyar a las personas y a sus comunidades, con especial atención a aquellas cuyas condiciones de salud limitan su capacidad para disfrutar de una alta calidad de vida.

Inicié mi trayectoria profesional impartiendo charlas de prevención y motivación a grupos comunitarios y desarrollando talleres de resocialización para personas en centros penitenciarios. De 2016 a 2019, colaboré en el Proyecto Nacional de Renovación de Colón, una ciudad profundamente afectada por la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades. En este rol, brindé apoyo directo a familias impactadas por proyectos de construcción y el proceso de reubicación.

En 2020, tuve la oportunidad de unirme a la clínica de tratamiento antirretroviral de AHF Panamá en Colón como trabajadora social. Acepté sin dudarlo, ya que tengo familiares y amigos que viven con VIH, y vi en esto una oportunidad para profundizar mis conocimientos sobre el tema y, al mismo tiempo, contribuir al bienestar de las personas afectadas.

Acompañar a las familias en procesos significativos de transformación personal y comunitaria —verlas recuperar la esperanza y mejorar sus condiciones de vida— ha sido profundamente enriquecedor y, sin duda, es la parte más gratificante de mi trabajo en AHF Panamá. Valoro enormemente el trabajo en equipo dentro de AHF, donde cada acción se rige por un compromiso genuino con la dignidad y el bienestar. Saber que mi trabajo tiene un impacto positivo y tangible en la vida de las personas me motiva cada día.

En mi puesto, apoyo a los pacientes para que asistan con regularidad a sus citas médicas y cumplan con el tratamiento prescrito. También colaboro estrechamente con el personal de la clínica y los pacientes para brindar educación y promoción de la salud, mediar en conflictos personales y familiares, y desarrollar programas de autoayuda y empoderamiento. Además de estas responsabilidades, abogo activamente por la justicia social, trabajando para garantizar que las personas que viven con el VIH sean tratadas con dignidad y respeto, libres de estigma y discriminación.

Una de mis experiencias más significativas fue apoyar a una mujer que, por falta de recursos durante su atención prenatal, no se hizo la prueba del VIH. El virus solo se detectó cuando llegó al hospital ya de parto, y su bebé nació con VIH. Tras el alta, gestionamos que el bebé se quedara en el Albergue de María, que atiende a hijos de madres con VIH. El bebé tuvo complicaciones y permaneció hospitalizado durante dos meses, tiempo durante el cual mantuve una comunicación constante con la madre, apoyándola en todo lo que AHF Panamá pudo. Cuando surgieron dudas sobre la capacidad de la madre para cuidar a su hijo, visitamos su hogar y encontramos una situación de extrema pobreza. Coordiné con trabajadores sociales de la región la organización de una colecta de alimentos y ropa. Hoy, la familia tiene una mejor vivienda, recibe entregas semanales de alimentos y el bebé está sano y lleno de vida. Esa es una de las muchas satisfacciones que me llevo.

Otra paciente, debido a la falta de adherencia al tratamiento y a enfermedades oportunistas, desarrolló discapacidades de movilidad y del habla. No contaba con apoyo familiar, ya que sus hijos no la consideraban su madre. Coordiné con sus hermanas para que contactaran a los niños y, durante una reunión familiar, expliqué la importancia del apoyo en situaciones de discapacidad. Hoy en día, la paciente no presenta ninguna discapacidad detectable y su hija la acompaña a las citas médicas. Me aseguro de que asista a sus citas y recoja su medicación, manteniendo comunicación con el farmacéutico de la clínica para dar seguimiento cuando los pacientes faltan a sus citas.

El VIH no define a quienes viven con él. Gracias a los avances médicos y al apoyo social, es posible llevar una vida plena y saludable. Lo que debe cambiar son los prejuicios. Las personas que viven con el VIH merecen respeto, no rechazo. El VIH no se transmite por amor, amistad ni empatía. Rompamos el silencio y acabemos con el estigma.

Ser trabajador social y brindar apoyo a personas que viven con el VIH requiere un profundo compromiso con la justicia social y la empatía, además de conllevar importantes desafíos. Uno de los principales es el estigma y la discriminación. Las personas que viven con el VIH a menudo se enfrentan a prejuicios sociales, laborales y familiares, y puede ser desalentador presenciar estas injusticias repetidamente. Otro desafío es el acceso desigual a recursos y servicios. En muchos entornos, las personas que viven con el VIH no tienen acceso constante a medicamentos, atención psicológica ni apoyo social, y con frecuencia nos encontramos actuando como mediadores entre sistemas fragmentados.

Muchas personas que viven con el VIH se enfrentan simultáneamente a la pobreza, la violencia, el consumo de sustancias o la discriminación por motivos de género u orientación sexual. Esta realidad exige un enfoque de atención integral y culturalmente sensible. Para afrontar estos desafíos, recurro a estrategias de resiliencia como la participación en supervisión clínica, grupos de apoyo entre pares y espacios de expresión emocional. Sobre todo, me recuerdo a mí misma la función social de mi profesión, lo que me ayuda a mantener la motivación ante la adversidad.

Comencé a trabajar para AHF al inicio de la pandemia de COVID-19, apoyando el rastreo de contactos, la respuesta a emergencias y coordinando la entrega de medicamentos a pacientes con acceso limitado. Disfrutaba mucho ayudando a los demás. Cuando llegábamos a sus casas vestidos de astronautas para entregarles los medicamentos, se mostraban profundamente agradecidos. Esa experiencia me marcó y me dio la oportunidad de consolidarme en AHF.

Fuera del trabajo, disfruto bailando y pasando tiempo con mi familia. Desde el fallecimiento de mi madre y mi hermana mayor hace 16 años, nuestro vínculo familiar se ha fortalecido, y valoramos mucho explorar el turismo local y celebrar juntos cada cumpleaños.

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